Elliott Murphy & Olivier Durand. Contra Viento y Marea.

Elliott Murphy & Olivier Durand. Contra Viento y Marea.

La experiencia, el cariño y el respeto vencieron a los elementos en una noche cargada de emoción…

Elliot Murhy & Olivier Durand: Guitarra harmónica y voz
Teatro Principal de Donostia San SebastiánJueves 15 de Enero de 2015

Con casi dos horas de retraso a causa de las inclemencias metereológicas que le impidieron llegar a tiempo desde Patrís. Elliott Murphy & Olivier Durand subieron al escenario del Teatro Principal de San Sebastián ante un público fiel, maduro y espectante.

Su rostro cansado, apenas habían pasado unos minutos desde su llegada al recinto hasta su salida a escena, su vestuario de aspecto arrugado y elegante, llevaron a escena a Olivier Durand y al legendario Elliott Murphy.

El ambiente algo frío en un principio, no tardó en caldearse a manos de dos músicos que tras más de 15 años juntos se entienden de tal modo que trasmiten su saber, su querer y su talento de manera adminrable.

Desgranaron temas de su amplio repertorio, en versiones más lánguidas e introspectivas que en otras ocasiones. Al menos así se lo pareció a este humilde cronista la versión de “You never Know You’re In For” entre otros temas.

Algunos acordes y llantos de harmónica, permitían al respetable reconocer un manojo de temas, cargados de posesía, llenos de emoción, y sobrados de fuerza.

No resulta fácil ver en escena a músicos tan entregados, tan amables, y educados. Aquello más parecía una clase de protocolo que el show de una leyenda del Rock.

Con esa elegancia que siempre le acompaña, Murphy dialogó con el respetable; habló de su anciana madre; de su vieja harmónica – más exactamente de su soporte, que le acompaña desde los años setenta -. Contó su rocambolesca odisea aerea para poder estar alllí en ese momento.

Murphy demostró la admiración, el afecto y el respeto que siente hacia Olivier Durand que le acompaña, le arropa y le complementa, como sólo un talentoso y viejo amigo, puede hacer.

Elliott Murphy abrazaba su guitarra con cariño y pasión, acariaba sus cuerdas de modo que, – a pesar de un sonido algo sucio en unos priumeros momentos -, lograba extraer de ella la misma poesía que destilan sus letras.

Durand por su parte, sin recrearse en largos y exibicionistas sólos, marcaba su territorio con sensibilidad y firmeza.

Todo llega a su final

Tras una hora y algunos minutos que supieron a muy poco, dieron por teminado su concierto. Pero un obligado bis llevó a escena a unos músicos agradecidos.

Tocaron y cantaron cada vez más cerca de la boca del escenario. Se fueron deslizando por las pequeñas escaleras que les llevaban al patio de butacas. Compartieron miradas y sonrisas con quienes desde las primeras filas parecían querer abrazarlos en un agradecimiento infinito.

Entonces se desenchufaron, cantaron y tocaron con aires contry, flok en acústico y a pulmón, alzanzando una conexión con el público que trataba de capturar aquel emocionante instante con todo tipo de dispositivos, incluidos sus propios corazones.

Tanto fue así, que el “selfie” que un espectador trató de hacerse con ellos, fue respondido con simpatía y cariño por los músicos logrando una entrañable estampa cargada de ternura y simpatía.

Pero la cosa no terminó allí. En la puerta del Tearo Principal Elliott Murphy firmó sus nuevos Cds y viejos vinilos. Se fotografió con el respetable con una paciencia y entrega digna de admiración, a tenor de la hora y su aspecto cansado, aunque feliz.

Eliott Murphy es mayor, ya tiene 65 años, estaba cansado, pero ama su profesión y respeta a su público. Se puede pedir algo más de una noche de directo.

 

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